España: paro, corrupción y jamones que van y vienen

Cualquiera que tenga un espíritu observador y que lleve el tiempo suficiente en el mundo laboral se habrá percatado que por estas latitudes el cargo de “ayudante”, “segundo”, “persona de confianza” o como se le quiera llamar suele ser ocupado con excesiva frecuencia por gente que destaca más por su fidelidad inquebrantable que por su talento.

De hecho, muchos “jefes”, los que mandan en algún estamento de una empresa u organización, suelen tener miedo a que el segundo sea más listo o talentoso que ellos, así que tienden a buscarse como muleta a alguien cuya cabeza no tenga más prestaciones de las imprescindibles. El problema es tan acuciante que, ahora que se ha puesto de moda lo de emprender, los expertos (los coaches, que dicen los modernos) no se cansan de aconsejar a los que cortan el bacalao que no tengan miedo de rodearse de gente con talento y coeficiente intelectual. Sin embargo, la tendencia (a excepción de los jefes que abusan de lo contrario, los que se buscan a una persona solvente para delegar en ella todas sus funciones y así poder ellos tirarse a la bartola) sigue siendo la contraria en la mayoría de sectores. El fenómeno, cómo no, es especialmente sangrante en ese mundo tan endogámico que es la política… El problema de esa manera de funcionar es que tarde o temprano el que manda se ve condenado a mirar a su colaborador con una gota de sudor cayéndole por la frente mientras le pregunta: “pero tú, macho, ¿hacia qué portería disparas?”.

Pues eso mismo le ha sucedido al líder de Izquierda Unida en Andalucía y vicepresidente de la Junta.  Diego Valderas tiene un jefe de prensa al que no se le ha ocurrido otra cosa que decir en un pleno que sí, que a su jefe se le conoce en Bollullos del Condado como el Emperador, que mucha gente le ha rendido pleitesía cuando era alcalde de ese municipio y, ¡atención, no se lo pierdan!,  que recibía jamones a cambio de colocar a gente…

La criatura autora de este desliz/confesión se llama Juan Félix Camacho, es concejal de Izquierda Unida en el ayuntamiento de Bollullos y se le calentó la boca en un pleno celebrado a finales de septiembre.  Se le calentó el hocico porque otro concejal de una formación que partió peras con Izquierda Unida le acusó de estar ahí simplemente por ser leal a su jefe.

Ahí fue cuando al bueno de José Félix, llevado por su fidelidad a Valderas, se le ocurrió contraatacar asegurando que el concejal criticón tenía mucho que ocultar en cuestiones de pleitesía porque sus padres, cuando todavía formaba parte de Izquierda Unida, bien que habían regalado jamones al propio Valderas para que colocara a su hermano en la Mancomunidad.  ¿Problema?   Pues que, efectivamente, el concejal en cuestión tiene un hermano trabajando en la Mancomunidad, lo cual vendría a demostrar que regalar jamones a Valderas tiene o tenía premio. Ahora José Félix se ha retractado de sus palabras y ha pedido perdón a su jefe, pero lo cierto es que le ha acusado de cohecho tan ricamente.

La anécdota de Bollullos casi daría la risa, si no fuera porque el CIS nos recuerda que la corrupción sigue siendo la segunda gran preocupación de los españoles. Y el panorama es desolador porque el macroproceso del caso Malaya ha terminado con microcondenas ridículas.  El testaferro de Marbella, Juan Antonio Roca, el que tenía tanto dinero que hasta se puso un Miró delante de la trona para deleitarse mientras se aliviaba, ha sido condenado a once años de cárcel.

Así las cosas, el millón de euros estafado sale en España a 20 días de cárcel. Lo que consiguen ocultar, aún ingresando en la cárcel, continúa siendo demasiado goloso. Piénsenlo: tres meses de tu vida en una celda, a cambio de encontrarte cinco millones de euros debajo del colchón al salir de la trena. ¿Cuántos no estarían dispuestos?

La corrupción sale muy barata y encontrar trabajo sigue estando demasiado caro. Si hacemos caso al CIS, el 77’3% de la tropa piensa que la falta de empleo es su principal dolor de cabeza.  Lo es para los que ya están en el paro y para los que pueden estarlo próximamente.  En ese grupo están los trabajadores de la limpieza de Madrid a los que ya les han dicho que o se bajan el sueldo o 1.400 de ellos no tendrán que volver a coger la escoba.  También lo tienen feo los 28 empleados fijos y los 36 temporales del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas a los que van a echar para ahorrarse en nóminas dos millones y medio de euros…    Escatimamos 2’5 millones de euros en el sueldo de los que investigan contra el cáncer, mientras nos seguimos gastando cada año 53 millones en mantener un Senado que, en la práctica, no sirve para nada.

Afortunadamente, nos queda el consuelo de saber que ya han ofrecido trabajo a la chica que colgó en Internet el baile con el que se despidió de ese jefe que no valoraba su trabajo. A los demás, les aconsejo que regalen un jamón al vicepresidente de la Junta de Andalucía. ¿Quién sabe? Si cuela, cuela…

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