Empacho de voluntarismo

En caso de duda, consulta la RAE, porque la RAE casi nunca engaña. Voluntarismo: “dícese de la teoría filosófica que da preeminencia a la voluntad sobre el entendimiento”. Pues en esas estamos. De un tiempo a esta parte esos que siempre habían sido los “prohombres” de una sociedad, los hombres y mujeres que se suponen más sólidos intelectualmente y con capacidad de liderazgo, se han apuntado al “voluntarismo”. Lo importante no es la realidad, sino lo que yo deseo. Si lo deseo con mucha fuerza, se cumplirá. O, al menos, así queremos pensarlo. Es verdad que hasta que las mujeres no soñaron que podían luchar por la igualdad, no empezaron a cambiar las cosas. Lo mismo se podría decir de las minorías raciales o de la gente más desfavorecida. A veces, ciertamente, son las voluntades firmes las que cambian los marcos mentales. Lo malo es que, últimamente, con esto del voluntarismo se nos está yendo un poco la pinza.

congreso_diputadosLo vimos en Cataluña, donde una minoría soberanista se convenció a sí misma de que era mayoritaria, aunque las urnas se lo negaran. Ahora andamos en un impasse impuesto por la fuerza de la realidad. Pero como el jaleo catalán no era suficiente, la política nacional se ha visto invadida por otro exceso de voluntarismo que sobrepasa lo kafkiano. Un partido de gobierno que no entiende que no basta con ser la lista más votada. Un partido populista que identifica su tercera posición como “la voluntad de la gente”, como si sólo fueran “gente” los que les votan a ellos y el resto debiesen vivir en un limbo social. Y un segundo partido que llega a un acuerdo parcial con la cuarta formación y, aunque no llega a la mayoría absoluta, se convence de que puede gobernar. Y, en medio, esa cuarta formación con voluntad centrista, que empieza a naufragar en un panorama de extremos cainitas. Empacho de voluntarismo.

Vivimos inmersos en una encrucijada de la historia que supera al tablero meramente español. El Estado del Bienestar que nació tras la Segunda Guerra Mundial, impulsado por la reconstrucción y alargado con el endeudamiento, no da más de sí. Europa ya no es la región mundial que fabrica más barato y está dejando de ser la que ofrece las mayores innovaciones. Aumentar el gasto en base a una mayor deuda para mantener nuestra ficción de bienestar nos llevará al caos. Hay que entender eso y dar la batalla por salvar los muebles que se puedan salvar en materia social, sanitaria y educativa, asegurando que lo podamos financiar con un cambio del modelo productivo que nos haga entrar definitivamente en el siglo XXI. Todo, desde el sentido común. Abandonarse al neoliberalismo salvaje sería un error. Pretender que todo el mundo en edad de trabajar sea funcionario y a los demás que les llegue una buena pensión a casa es tan inviable como infantil. Si un franquista como Fraga se entendió con un comunista como Carrillo para garantizar la estabilidad política y económica para toda una generación, la falta de acuerdo en estos días sería imperdonable. Es hora de un acuerdo de mínimos para reformar el sistema, donde nadie imponga su programa y nadie se sienta totalmente al margen. El tiempo sigue corriendo.