El miedo y la gran guardería que se avecina

Hace cosa de un año fue noticia en todos los telediarios la imagen desgarradora de una joven madre, apenas una cría, que irrumpió en el pleno del ayuntamiento de Cádiz con un niño de tres años ayuda a los políticos. La chica estaba en el paro y se había quedado sin ayudas económicas. Delante de las cámaras, y fuera de sí, llamó sinvergüenzas a los políticos y les acusó de estar matándola de hambre. También acusó a la alcaldesa de haberla metido en un cuchitril con su niño. Se refería a la pensión que le habían facilitado para que madre e hijo no estuvieran en la calle. Ella aseguraba tener derecho a un piso de protección oficial mejor equipado.

Al final, entre el escándalo y el estado de nervios de la joven madre, la policía optó por desalojarla del consistorio. Ver cómo esa madre era llevada en volandas mientras pataleaba y gritaba estar enferma por depresión resultó desgarrador. Yo me quedé tocado, pensando sobre todo en ese crío que no tenía culpa de nada y que, desde luego, no lo iba a tener fácil en la vida. Cuando asomamos la cabeza por encima de la cuna, no es lo mismo descubrir que estamos en casa de los Botín, que en una pensión pagada por los servicios sociales.

¿Y la madre? ¿Me dio pena la joven madre? Pues también, pero de una manera diferente. Me dio mucha pena que, siendo tan joven, se hubiese metido en semejante laberinto. Y creo que había que hacer lo posible por ayudarle a salir de ese pozo. Sin embargo, había algo que me chocaba. Decía que eran los políticos los que tenían toda la culpa de todo lo que le había pasado. Yo creo que los políticos han tenido mucho que ver en toda la porquería que hemos debido tragar durante los últimos cinco años. Aún así, hay actitudes que no me acaban de cuadrar. ¿Por qué esa chica no tenía estudios? Su época de formación académica coincidió con la época de vacas gordas, cuando nadie dudaba de que la educación pública era accesible a todos y de una calidad razonable. ¿Por qué tuvo un hijo tan joven? ¿Por qué no tenía pareja estable? ¿Por qué no intentó marcharse a otro lugar a iniciar una nueva vida cuando las cosas empezaron a torcerse en Cádiz? No hay duda de que el entorno nos marca y a veces nos pone una pierna encima, que diría aquel. Pero no es menos cierto que nosotros, como individuos, hacemos mucho cada día para marcar nuestro destino. Y eso es precisamente lo que eché en falta en ese caso y en otros tantos. Los bemoles para reconocer nuestros propios errores y miserias.

Siempre lo hemos sido, pero la crisis nos ha venido a confirmar que somos una sociedad con un puntito paternalista. Y para que algo sea paternalista, algo debe ser infantil. Cuando caemos en el convencimiento de que nuestra “suerte” o “mala suerte” es independiente de lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer, y que son “otros” los que tienen que proveernos y sacarnos las castañas del fuego, entonces, nos estamos alejando del adulto que somos o deberíamos ser.

Estos días la gente, por aquello de si se les pega algo, anda como loca leyendo las biografías y los consejos de los hombres y mujeres que han sabido triunfar en la vida e incluso convertir la crisis en una oportunidad. Llama la atención que muchos de ellos no nacieron en familias ricas o si lo hicieron, los avatares de la vida les hicieron perder todo y tener que comenzar de cero. Me parece cuanto menos curioso que tipos tan diferentes, con edades tan distantes, que nacieron en puntos tan alejados y dedicados a actividades tan diversas como Leopoldo Fernández Pujals o Anxo Pérez coincidan en tantísimas cosas. Ambos hablan sin tapujos del enorme miedo que sintieron en sus comienzos. Los que triunfan no son supehéroes, son personas que reconocen haber sentido pavor antes de haberse lanzado a la aventura de intentar mejorar su vida. También hablan de cómo las personas que les rodean, aunque les quieran y lo hagan sin maldad, intentan desanimarles y hacerles desistir de sus ideas. Ese es otro esfuerzo que deben realizar. No sólo vencer su propio miedo, sino también al desánimo que les insufla esta sociedad que no entiende al que se sale del carril paternalista.

La conclusión que de todos ellos se puede extraer es que, si se sueña y se hace el esfuerzo de vivir ese sueño, se puede. Y que se puede, no sin antes sufrir muchos golpes y muchos fracasos por el camino que también sirven para aprender y mejorar. Y todo eso, sin esperar gran cosa del entorno. Más bien al contrario, dando por hecho que el entorno será como la corriente del río que hay que remontar. Ahora que tanto se piden soluciones paternalistas, imposibles de realizar o que implicarían convertir España en una gran guardería, conviene tenerlo en cuenta. Cuando aceptas vivir en una guardería, quedas a expensas de que alguien quiera o pueda pagarte la plaza.

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