El efecto Potemkin y los verbos copulativos

Cuando éramos pequeños, cuando el mundo de los adultos todavía era algo lejano y la ventana de clase era una rendija abierta al escapismo mental a la espera de que el timbre del recreo nos liberase, alguien, quizá aquella profesora de lengua, baijta y risueña, nos habló de los verbos copulativos.

Ser, estar y parecer. Nos explicaron que no era lo mismo ser que estar. Si malo es decirle a una mujer “estás fea”, mayores pueden ser las represalias si le sueltas un “eres fea”. Lo primero puede ser culpa del vestido o el maquillaje, lo segundo ya convierte el problema en algo estructural de difícil solución. Lo mismo sucede si la víctima contraataca legítimamente con un “eres gilipollas”. Simplemente con que nos regalase un “estás gilipollas”, podríamos lamernos las heridas de vuelta a casa en el consuelo de haber tenido un día espeso. A todo esto, ni que decir tiene que no es lo mismo “ser bueno” que “estar bueno”. Los guiris son especialmente propensos a estos equívocos…

El problema viene cuando se aborda el tercer verbo en discordia: parecer. O no nos lo supieron explicar bien, o quizá nosotros estábamos demasiado distraídos mirando por la ventana. El caso es que, visto lo visto, se diría que los españoles somos dados a entender el verbo parecer como sinónimo de ser o estar.

Para algunos será un error semántico o gramatical sin mayor importancia, pero a lo largo de la Historia son muchos los que han demostrado las inquietantes consecuencias que puede tener, voluntaria o involuntariamente, confundir ser o estar con parecer. Que se lo digan a Catalina la Grande, emperatriz de Rusia a la que el mariscal Potemkin dio gato por liebre cuando visitó Crimea. El astuto de Potemkin sabía que la región que gobernaba dejaba mucho que desear, así que construyó una serie de decorados que simulaban ser suntuosos edificios. Cuando el carruaje de Catalina avanzó por los decorados, la zarina se convenció de que Crimea era un lugar próspero y muy bien administrado. Detrás de esas fantásticas fachadas no había nada, tan sólo unas vigas que sostenían el cartón piedra, pero a Potemkin le bastó para colgarse unas cuantas medallas.

Desgraciadamente, los Potemkin también abundan por la península Ibérica hasta tal punto que se han convertido en un mal endémico. La crisis del ébola ha demostrado que el hospital Carlos III de Madrid era un gran decorado que simulaba ser un centro de referencia capaz de albergar un P4 de bioseguridad. El paso de los días ha confirmado que ni los trajes eran los adecuados, ni el personal había sido correctamente entrenado, ni se había instruido a todos los profesionales que podían verse implicados en una crisis sanitaria, ni los protocolos estaban bien diseñados.

Muchos fallos y muchas rectificaciones sobre la marcha que dejan en evidencia a los que aseguraron que “no había riesgo” o que “estábamos preparados”. El problema vuelve a ser el de siempre. Aquí hace mucho tiempo que se perdió el amor por el trabajo bien hecho, hace mucho tiempo que se bajó tanto el nivel de exigencia que nos hemos acabado conformando con que algo “parezca” estar bien hecho. La cultura de salir del paso y de aparentar nos hace mucho daño y acaba por desmotivar a toda la gente buena a la que, si le diesen los mimbres necesarios, harían un monumento al “ser” eficaces y al “estar” preparados.

De momento, se ha cumplido el pronóstico que lanzábamos aquí hace una semana. Los Potemkin decidieron negar su responsabilidad y comenzaron una campaña de descrédito de la enfermera. Posteriormente, han aflojado en sus críticas, pero siguen sin asumir las consecuencias de los fallos cometidos, mientras entre todos nos hemos enzarzado en discusiones lamentables, desde los necios que critican la repatriación de los misioneros enfermos a los lumbreras que sacrificaron al perro sin entender que ese animal podía ser una mina para la ciencia. Todo entre tardogoyesco y berlanguiano.

No sabemos si habrá dimisiones o algunos se aferrarán al cargo con tal de no perder los privilegios, no sabemos si las pautas sanitarias y de seguridad que se están siguiendo ahora se mantendrán cuando haya pasado la marea y no sabemos si Teresa, en caso de que sobreviva, podrá explicar por qué no se identificó en el ambulatorio o por qué se fue a depilar mientras mandaba a su marido a la otra punta del piso por si acaso. Esos son retales de esta crisis que todavía colearán en los próximos días, pero si hay una conclusión que podemos sacar de todo esto es que las trampas al solitario se pagan caras.

Y hacerse trampas al solitario no sólo es engañarse y hacer pasar un “parecer” por un “ser”. Hacerse trampas al solitario también es pretender que la financiación de nuestros centros sanitarios y de investigación siga siendo lamentable. Aquí hemos pasado de traer a dos enfermos de ébola sin tener un centro verdaderamente preparado para ello a no tener narices de mantener a un perro en cuarentena. Demasiado patético todo para el alto nivel de nuestros científicos, de todos esos biólogos o veterinarios que se marchan fuera para no volver, y de los que se quedan en casa aguantando quina y agudizando el ingenio.

Estos días, sin ir más lejos, se está hablando mucho de un vídeo que a mí, personalmente, me despierta tanta admiración como melancolía. Los trabajadores del centro de investigación biomédica IRB de Barcelona han lanzado un video musical para conseguir donaciones. No son profesionales del bailoteo, pero como son gente seria se han dejado asesorar por realizadores y coreógrafos, porque las cosas o se hacen bien o no se hacen.

Y la verdad es que el vídeo está muy currado y muy bien editado. Cada vez que alguien pulse el play recibirán un donativo para seguir investigando. Yo voy a visionar el vídeo para poner mi granito de arena, pero no pierdo la esperanza de que, algún día, los que se rebanan los sesos para encontrar la fórmula que nos podría salvar la vida en el futuro no tengan que montar semejante sarao para evitar que el parecer se siga imponiendo al ser.

2 comentarios en “El efecto Potemkin y los verbos copulativos

  1. Como siempre un lujo leer estas reflexiones.Al principio transmite añoranza y recuerdis,incluso en una parte me ha salido una sonrisa con carcajada(si la parte de los guiris).Despuès algo de historia, que siempre se agradece para ya adentrarnos en la crìtica y opiniòn de lo que está ocurriendo.
    Resumen:estupendo!.
    Gracias por escribir estas reflexiones y permitirnos leerlas.

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