El arte del “sí pero no” o cómo repetir el penalti hasta que lo metas

Parece que lo estoy viendo:

“Estoooo, que te iba a decir yo, guapetona… ¿Tú querrías esta noche ir al catre? Y… en caso afirmativo… ¿te gustaría ir al catre conmigo?”.

Artur Mas en su época moza tuvo que ser un espectáculo ligando en los guateques. La verdad es que a mí nunca se me ocurrió tirar los tejos con subpreguntas pero debo reconocer que lo de ir repreguntando por la vida tiene su aquel. Por lo pronto, la famosa pregunta del famoso referéndum me ha servido para echar unas risas con bastantes de los catalanes con los que me he topado esta última semana en Cataluña.

Y lo cierto es que se agradece. Se agradece volver durante unos días a tu tierra y bromear, poder frivolizar hasta cierto punto, sobre algo que podría llegar a ser un problemón social y económico durante bastantes años. No hace muchos meses, cuando el suflé estaba en todo lo alto, lo que escuchabas en Cataluña eran conversaciones como ésta:

-“Te digo yo, Manuel, que estamos haciendo el primo. Tanto darle a los andaluces y los extremeños, y aquí no tenemos ni para hospitales ni para colegios”.

-“Pero, Antonio, ¿tú no eres andaluz?”

-“Sí, pero llevo cuarenta años viviendo aquí, y si es verdad que con la independencia nos suben las pensiones y hay más trabajo le van a dar por el saco a Andalucía y a España entera”.

Esa conversación se producía en el vestuario de un gimnasio de un municipio del cinturón metropolitano de Barcelona. El mensaje de los Junqueras Boys estaba calando como nunca en sectores a los que nunca había podido seducir. Eran el momento de máxima conmoción social por los recortes draconianos de la Generalitat y el impacto mediático de la primera Diada abiertamente separatista.

“¡Tanto dar la matraca con el hecho identitario y resulta que la crisis es la clave!” gritaron al unísono todos los separatistas; los que nunca han engañado y los que siempre vivieron con la careta puesta.

El caso es que la economía les ha puesto cachondones y la economía, sin embargo, podría acabar poniendo las cosas en su sitio. Esta semana, nada más salir de la Estación de Sants, me topé con una valla que rezaba “Catalunya Lliure. Fora Espanyols”.  Mal asunto… Además, las banderas esteladas siguen estando muy presentes en muchos pueblos, mientras se anunciaba un simposio bajo el sugerente título de “España contra Cataluña”…

Pues, curiosamente, por lo que me han comentado unos, por lo que he escuchado aquí, por lo que he observado allá, no son pocos los que empiezan a caerse del guindo.  La sensación que se lleva uno, sin ninguna aspiración demoscópica, es que la gente empieza a ver las orejas al lobo, más que nada, y paradójicamente, por lo económico.

Y es que, los separatistas, en su afán de cargarse de argumentos contra España, han comenzado, sin darse cuenta, a quedar en evidencia.  El primer gol en propia puerta fue anunciar a los cuatro vientos que se habían puesto a contar, calculadora en mano, cuánto dinero les había robado España desde la noche de los tiempos.  Miraron, rebuscaron, sumaron, volvieron a sumar, mientras nos aseguraban que el resultado iba a ser lacerante. “¡Se va a cagar la perra!”, decían.   Pues al final llegó el día de conocer la supuesta deuda descomunal que los españoles tenían con Cataluña: unos 9.000 millones de euros.

Lo malo de pasar del lema (“España nos roba”) a lo concreto (“a todo meter, y contando a nuestra manera, nos deben 9.000 millones) es que la gente echa cuentas.  Si la Generalitat tiene una deuda de 60.000 millones y “Madrit” nos debe 9.000… ¿Quién carajo se ha fundido los 51 mil millones restantes? ¿Y en qué?

Luego los hay más agudos si cabe. Los hay que hacen preguntas incómodas de esas que no contestan ni Mas, ni Junqueras ni la “tele 3”, que diría aquel: “Si estamos en quiebra, ¿cómo nos vamos a financiar?”.  “Si la administración central nos ha dado esta semana más de 800 millones para el día a día… ahora mismo, ¿España nos roba o España nos mantiene? Si Van Rompuy, Barroso y todo quisqui en Bruselas han dicho que nos quedaremos fuera de la Unión Europa, ¿por qué nos siguen diciendo aquí que continuaríamos dentro? ¿Qué pasaría con mi pensión? ¿Y con la empresa española con sede en Barcelona para la que trabajo? ¿Y con mis ahorros en ese banco catalán que ya no contaría con el respaldo del BCE?

Claro que para pregunta incómoda la que se ha formulado esta semana todo el mundo, independentistas, federalistas y constitucionalistas, tras conocer la famosa pregunta con subpregunta. ¿Si estamos tan seguros de que la inmensa mayoría de la gente quiere la independencia por qué no se formula de forma directa y clara, y nos dejamos de gilipolleces?

Pues la realidad es tozuda y la gente no es tonta. O por lo menos, no tan tonta ni manipulable como algunos pensaban.  Los que se han metido en este follón del “desafío soberanista” no están para independizar ningún territorio. Ni siquiera tendrían mayoría parlamentaria para reformar el estatuto…

Por eso han tenido que hacer otra trampa: preguntas al personal si quiere un “Estado” sin especificar, y te sale una mayoría favorable. Luego preguntas si ese Estado debe ser independiente, y te sale una mayoría en contra.  ¿Y cómo gestionas ese “SÍ-NO”? Pues vendiendo la moto de que el pueblo catalán ha hablado y que, de momento, no quiere independencia pero sí más autogobierno tipo Estado asociado. Y, entre tanto, nosotros seguimos viviendo del cuento nacionalista.

Las encuestas de este fin de semana aseguran que los SÍ-SÍ sólo serían el 35 por ciento de los catalanes. La pena es que no pueda haber un grupo que sea el de los NO-NO. A los que rechacen la idea del Estado catalán, ya no les repreguntan nada más.  Ya puestos, les podrían preguntar: “visto lo visto, estaría a favor de que el presidente Mas se tiña el pelo de azul? O ¿apoyaría que Oriol Junqueras participe en Tu cara me suena?  O, mejor aún, ¿está harto de que los políticos intenten manipular sus sentimientos y jugar con las cosas de comer?  Me juego lo que quieran a que una de las opciones más votada el 9 de noviembre de 2014 sería la del NO-SÍ.